Agencia Peruana de Noticias PRENSAPERU.PE https://www.prensaperu.pe Twitter: @prensaperupe El Perú se encamina hacia una segunda vuelta presidencial que, más allá de la polarización ideológica entre derecha e izquierda, revela una estrategia política profunda y recurrente: la apelación a figuras históricas o controvertidas para movilizar el voto. Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, y Roberto Sánchez Palomino, de Juntos por el Perú, los dos candidatos que, según proyecciones y estudios de opinión preliminares, se disputarían la presidencia, han demostrado una dependencia significativa en la “herencia política” para consolidar sus bases. Este fenómeno, lejos de ser una coincidencia, subraya la búsqueda de un anclaje ideológico y emocional en un electorado que anhela representatividad y continuidad en medio de la incertidumbre.
EL ECO DE ALBERTO FUJIMORI EN LA CAMPAÑA DE KEIKO
Keiko Fujimori, la candidata de Fuerza Popular, ha tejido su campaña electoral en torno a la figura de su padre, el expresidente Alberto Fujimori, ya fallecido. Esta estrategia no es nueva, pero su persistencia y centralidad en cada contienda presidencial es un testimonio del profundo impacto que el “fujimorismo” aún ejerce en amplios sectores de la población peruana. La apelación no es solo a la memoria de un líder que transformó el país en un periodo convulso, sino a los logros asociados a su gobierno, como la pacificación y la estabilización económica.
Los mítines de Keiko a menudo evocan imágenes y símbolos de la década de los noventa, buscando conectar con un electorado nostálgico de un periodo de autoridad y mano dura. Para sus seguidores, el apellido Fujimori representa un legado de eficiencia, orden y cercanía con las bases populares, especialmente en aquellos segmentos que se beneficiaron de las políticas sociales de su padre. Esta conexión emocional es un activo invaluable, que le permite mantener una base de votantes sólida, principalmente en los centros urbanos, aunque con una presencia más limitada en las zonas rurales.
ROBERTO SÁNCHEZ Y LA SOMBRA DE PEDRO CASTILLO: UN LEGADO INCÓMODO
Por otro lado, Roberto Sánchez Palomino, el candidato de Juntos por el Perú, ha cultivado una relación estratégica con la figura del expresidente Pedro Castillo. Aunque Castillo está vivo, su detención y el proceso judicial que enfrenta lo sitúan en un limbo político y simbólico. La apelación de Sánchez a Castillo se interpreta como un intento de capitalizar el voto “andino” y “rural” que catapultó a Castillo a la presidencia en 2021. Este electorado, que se sintió representado por un líder de extracción humilde y rural, busca en Sánchez una continuidad de ese proyecto.
La base de votantes de Sánchez se concentra fuertemente en la sierra y en las zonas andinas, donde el sentimiento de marginación y abandono por parte del Estado central es más acentuado. La figura de Castillo, a pesar de su caída, sigue siendo un referente de la lucha contra las élites y la reivindicación de los pueblos originarios. Para Sánchez, evocar a Castillo es un código que resuena con estas poblaciones, permitiéndole consolidar un voto de protesta y esperanza en un cambio estructural. Sin embargo, esta apelación también conlleva el riesgo de alienar a sectores más moderados que critican la gestión y el eventual desenlace del gobierno de Castillo.
EL VOTO “ENDOSADO”: CUANDO EL LIDERAZGO TRASCIENDE AL CANDIDATO
Lo que estas dos campañas ponen de manifiesto es un fenómeno de “endoso de voto” que va más allá de la simple identificación partidaria. Tanto Keiko Fujimori como Roberto Sánchez, en cierta medida, buscan que el electorado transfiera a sus candidaturas las cualidades, los atributos y las ideas que asocian con sus respectivos referentes (Alberto Fujimori y Pedro Castillo).
Keiko Fujimori: Hereda el endoso del voto de aquellos que añoran el orden, la mano firme y las promesas de prosperidad económica del “fujimorato”. Su votante es a menudo citadino, de clases medias y populares, que ve en el fujimorismo una garantía de estabilidad y progreso, a pesar de las controversias históricas.
Roberto Sánchez Palomino: Hereda el endoso del voto de los que buscan la reivindicación social, la atención a las zonas rurales y andinas, y la lucha contra las desigualdades históricas. Su base es predominantemente rural, indígena y de los sectores más desfavorecidos, que ven en su propuesta una continuidad del cambio que representó Castillo.
Este patrón de “voto endosado” sugiere que, para una parte significativa del electorado peruano, el candidato actual funciona como un canal o un símbolo de un movimiento o liderazgo más amplio, en lugar de ser valorado exclusivamente por sus propias propuestas o carisma. Esto podría explicarse por la persistente fragmentación del escenario político y la dificultad de los nuevos líderes para construir una identidad ideológica sólida y cautivadora por sí mismos, sin el peso de figuras preestablecidas.
LA POLARIZACIÓN URBANO-RURAL Y EL DESAFÍO DE LA GOBERNABILIDAD
La composición sociodemográfica del voto para ambos candidatos acentúa la polarización urbano-rural. Mientras Keiko Fujimori encuentra su bastión en las ciudades, Roberto Sánchez Palomino cosecha la mayoría de sus apoyos en el ámbito andino y rural. Aunque ambos tienen una presencia limitada en el territorio “del otro”, esta división es palpable y plantea serios desafíos para la gobernabilidad futura.
Un presidente que asuma el cargo con un mandato tan fuertemente segmentado deberá enfrentar la tarea de unir a un país profundamente dividido. La capacidad de tender puentes entre las demandas urbanas y rurales, y de integrar las visiones de progreso que a menudo chocan, será crucial para la estabilidad y el desarrollo del Perú en los próximos años. La ausencia de un liderazgo con una plataforma ideológica que logre trascender estas divisiones y que se centre en propuestas innovadoras, en lugar de apelar a figuras del pasado o del presente controvertido, podría perpetuar un ciclo de inestabilidad y confrontación.
DATOS
1.- La Sombra de los Predecesores: La segunda vuelta presidencial en Perú se caracteriza por la prominente apelación de ambos candidatos a figuras políticas preestablecidas –Alberto Fujimori (fallecido) y Pedro Castillo (detenido)–, evidenciando una estrategia para consolidar votos a través de la herencia y el referente ideológico, en lugar de construir un liderazgo puramente individual. Este fenómeno sugiere una búsqueda de arraigo y legitimidad en un electorado que, en un país fragmentado, parece confiar en la continuidad simbólica de movimientos más que en la innovación programática.
2.- Un País Particionado por el Voto: La polarización entre el voto urbano, mayoritariamente alineado con Keiko Fujimori, y el voto rural y andino, que se inclina hacia Roberto Sánchez Palomino, subraya una profunda división socioeconómica y cultural en el Perú. Esta segmentación del electorado plantea un desafío crítico para la gobernabilidad futura, ya que el próximo presidente deberá forjar consensos y tender puentes entre demandas y visiones de país que, en la actualidad, parecen irreconciliables, exigiendo una capacidad de liderazgo unificadora que trascienda la apelación a figuras del pasado.
3.- Ecos del Pasado, Sombras y Figuras: El fenómeno actual de la segunda vuelta electoral en Perú, con Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, revela una estrategia política basada en la apelación a figuras ausentes o inhabilitadas. Keiko Fujimori capitaliza el legado de su padre, el expresidente Alberto Fujimori (fallecido), mientras que Roberto Sánchez busca la continuidad del proyecto del expresidente Pedro Castillo (privado de libertad). Esta dependencia de líderes ya no activos en el quehacer diario demuestra cómo ambos candidatos, de derecha e izquierda, respectivamente, buscan arraigo y conexión con el electorado peruano a través de referentes históricos y simbólicos para movilizar el voto.
Fuente: Agencia Peruana de Noticias PRENSAPERU.PE https://www.prensaperu.pe Twitter: @prensaperupe

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From Fujimorism to the Shadow of Castillo: “Keiko Fujimori and Roberto Sánchez! We vote for the candidate or for the legacy of their role model.”
Peruvian News Agency PRENSAPERU.PE https://www.prensaperu.pe Twitter: @prensaperupe Peru is heading towards a presidential runoff election that, beyond the ideological polarization between right and left, reveals a deep and recurring political strategy: the appeal to historical or controversial figures to mobilize votes. Keiko Fujimori, from Fuerza Popular, and Roberto Sánchez Palomino, from Juntos por el Perú, the two candidates who, according to preliminary projections and opinion polls, would contest the presidency, have demonstrated a significant reliance on “political heritage” to consolidate their bases. This phenomenon, far from being a coincidence, underscores the search for an ideological and emotional anchor in an electorate that yearns for representation and continuity amidst uncertainty.
THE ECHO OF ALBERTO FUJIMORI IN KEIKO’S CAMPAIGN
Keiko Fujimori, the candidate for Fuerza Popular, has woven her electoral campaign around the figure of her father, the late former president Alberto Fujimori. This strategy is not new, but its persistence and centrality in every presidential contest is a testament to the profound impact that “Fujimorism” still exerts on broad sectors of the Peruvian population. The appeal is not only to the memory of a leader who transformed the country in a turbulent period, but also to the achievements associated with his government, such as pacification and economic stabilization.
Keiko’s rallies often evoke images and symbols from the 1990s, seeking to connect with an electorate nostalgic for a period of authority and strong hand. For her followers, the Fujimori surname represents a legacy of efficiency, order, and closeness to popular bases, especially in those segments that benefited from her father’s social policies. This emotional connection is an invaluable asset, allowing her to maintain a solid voter base, primarily in urban centers, although with a more limited presence in rural areas.
ROBERTO SÁNCHEZ AND THE SHADOW OF PEDRO CASTILLO: AN UNCOMFORTABLE LEGACY
On the other hand, Roberto Sánchez Palomino, the candidate for Juntos por el Perú, has cultivated a strategic relationship with the figure of former president Pedro Castillo. Although Castillo is alive, his detention and the judicial process he faces place him in a political and symbolic limbo. Sánchez’s appeal to Castillo is interpreted as an attempt to capitalize on the “Andean” and “rural” vote that catapulted Castillo to the presidency in 2021. This electorate, which felt represented by a leader of humble and rural origins, seeks in Sánchez a continuation of that project.
Sánchez’s voter base is strongly concentrated in the highlands and Andean areas, where the feeling of marginalization and abandonment by the central state is more accentuated. The figure of Castillo, despite his fall, remains a reference point for the fight against elites and the vindication of indigenous peoples. For Sánchez, evoking Castillo is a code that resonates with these populations, allowing him to consolidate a protest and hope for structural change. However, this appeal also carries the risk of alienating more moderate sectors that criticize Castillo’s management and the eventual outcome of his government.
THE “ENDORSED” VOTE: WHEN LEADERSHIP TRANSCENDS THE CANDIDATE
What these two campaigns highlight is a phenomenon of “vote endorsement” that goes beyond simple party identification. Both Keiko Fujimori and Roberto Sánchez, to some extent, seek to have the electorate transfer to their candidacies the qualities, attributes, and ideas they associate with their respective referents (Alberto Fujimori and Pedro Castillo).
Keiko Fujimori: Inherits the endorsement of votes from those who yearn for the order, firm hand, and promises of economic prosperity of “Fujimorismo.” Her voters are often urban, from middle and popular classes, who see in Fujimorism a guarantee of stability and progress, despite historical controversies.
Roberto Sánchez Palomino: Inherits the endorsement of votes from those seeking social vindication, attention to rural and Andean areas, and the fight against historical inequalities. His base is predominantly rural, indigenous, and from the most disadvantaged sectors, who see in his proposal a continuity of the change that Castillo represented.
This “endorsed vote” pattern suggests that, for a significant part of the Peruvian electorate, the current candidate functions as a channel or a symbol of a broader movement or leadership, rather than being valued exclusively for their own proposals or charisma. This could be explained by the persistent fragmentation of the political landscape and the difficulty of new leaders to build a solid and captivating ideological identity on their own, without the weight of established figures.
URBAN-RURAL POLARIZATION AND THE CHALLENGE OF GOVERNABILITY
The sociodemographic composition of the vote for both candidates accentuates urban-rural polarization. While Keiko Fujimori finds her stronghold in the cities, Roberto Sánchez Palomino gathers most of his support in the Andean and rural areas. Although both have a limited presence in the “other’s” territory, this division is palpable and poses serious challenges for future governability.
A president who takes office with such a heavily segmented mandate will have to face the task of uniting a deeply divided country. The ability to build bridges between urban and rural demands, and to integrate visions of progress that often clash, will be crucial for Peru’s stability and development in the coming years. The absence of a leadership with an ideological platform that manages to transcend these divisions and focuses on innovative proposals, instead of appealing to figures from the past or the controversial present, could perpetuate a cycle of instability and confrontation.
DATA
1.- The Shadow of Predecessors: The presidential runoff in Peru is characterized by the prominent appeal of both candidates to pre-established political figures – Alberto Fujimori (deceased) and Pedro Castillo (detained) – evidencing a strategy to consolidate votes through heritage and ideological reference, rather than building purely individual leadership. This phenomenon suggests a search for roots and legitimacy in an electorate that, in a fragmented country, seems to rely on the symbolic continuity of movements more than programmatic innovation.
2.- A Country Partitioned by Vote: The polarization between the urban vote, largely aligned with Keiko Fujimori, and the rural and Andean vote, which leans towards Roberto Sánchez Palomino, underscores a deep socioeconomic and cultural division in Peru. This segmentation of the electorate poses a critical challenge for future governability, as the next president will have to forge consensus and build bridges between demands and visions for the country that, at present, seem irreconcilable, requiring a unifying leadership capacity that transcends the appeal to figures from the past.
3.- Echoes of the Past, Shadows, and Figures: The current phenomenon of the second round of elections in Peru, with Keiko Fujimori and Roberto Sánchez, reveals a political strategy based on appealing to absent or disqualified figures. Keiko Fujimori capitalizes on the legacy of her father, the late former president Alberto Fujimori, while Roberto Sánchez seeks to continue the project of former president Pedro Castillo (currently imprisoned). This reliance on leaders no longer active in daily affairs demonstrates how both candidates, from the right and the left respectively, seek to establish roots and connect with the Peruvian electorate through historical and symbolic references in order to mobilize votes.
Source: Peruvian News Agency PRENSAPERU.PE https://www.prensaperu.pe Twitter: @prensaperupe