25 años firmando, 25 años esperando: ¿por qué los convenios internacionales no resuelven los problemas del Perú? "Presidenta Fujimori acuerda con CAF cooperación para fortalecer seguridad ciudadana y acciones ante el fenómeno de El Niño".

Agencia Peruana de Noticias PRENSAPERU.PE https://www.prensaperu.pe Twitter: @prensaperupe Este editorial no pretende afirmar que toda cooperación internacional es rechazable. Señala que no puede sustituir la voluntad soberana del país. Un Perú verdaderamente libre busca recursos externos si los necesita, pero define sus propias prioridades, diseña sus propias soluciones, evalúa sus propios resultados y mantiene el control total sobre sus decisiones. Mientras el país siga esperando que organismos internacionales le digan cómo resolver sus problemas, no habrá avanzado. Firmar es fácil. Lo difícil es decidir por nosotros mismos.

A propósito de este tema el día de hoy, la presidenta de la república Keiko Fujimori Higuchi, se reunió hoy con el presidente ejecutivo de CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, Sergio Díaz-Granados, con quien abordó el fortalecimiento de la cooperación para atender prioridades del Gobierno, principalmente en materia de seguridad ciudadana y preparación ante el fenómeno de El Niño. Del mismo modo, la mandataria agradeció la colaboración y disposición de CAF, y afirmó que el organismo multilateral es un aliado estratégico para el desarrollo del país, indicando puntualmente “Nos han hecho una presentación de cuáles son los proyectos que se están avanzando. Y, por supuesto, estamos ya planificando, de cara a los próximos años, ampliar la línea de crédito y el apoyo que ellos nos van a brindar”- Finalmente a su turno, el presidente ejecutivo de CAF, Sergio Díaz-Granados, informó que los equipos del organismo trabajan de manera coordinada con el Gobierno para fortalecer diversos procesos en el país, especialmente en materia de seguridad-.

Em ese orden de cosas, el Perú, en su búsqueda por resolver desafíos estructurales que van desde la seguridad ciudadana hasta el desarrollo económico, ha recurrido de manera constante y durante más de dos décadas a la cooperación y el financiamiento internacional. Cada nuevo gobierno anuncia con gran despliegue mediático la firma de convenios con organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, el Banco Mundial, Naciones Unidas y otros entes bilaterales y multilaterales.

Sin embargo, detrás de las fotografías protocolares y los comunicados de prensa, existe una realidad que rara vez se expone con claridad: estos acuerdos no son solo aportes gratuitos, sino instrumentos que conllevan condiciones, obligaciones y compromisos que pueden limitar la capacidad del país para tomar sus propias decisiones. A lo largo de 25 años, el patrón se ha repetido: se firman acuerdos, se reciben recursos, se anuncia que se resolverán los problemas y, sin embargo, las dificultades persisten, la deuda crece y cada nueva administración vuelve a iniciar el mismo ciclo. Esta investigación analiza qué se ha firmado, en qué términos y qué hay detrás de esos compromisos que la ciudadanía no siempre llega a conocer.

DATOS CONCEPTUALES

Préstamo Condicionado: Recursos financieros que organismos internacionales otorgan al Estado, pero sujetos al cumplimiento de políticas específicas, reformas legales o decisiones técnicas que el país debe adoptar para recibir y mantener el financiamiento. No es dinero libre: viene con instrucciones de cómo usarlo y qué cambios debe aplicar el Estado, lo que significa que el acreedor define, en parte, el rumbo de las decisiones nacionales.

Soberanía Nacional:
La facultad exclusiva del Estado de dictar sus propias leyes, definir sus políticas y administrar sus recursos sin imposiciones externas. Cada compromiso internacional que limita esa capacidad —ya sea exigiendo reformas, alineando normativas o entregando supervisión a entidades foráneas— representa una cesión parcial de soberanía, aunque rara vez se mencione de esa manera.

Deuda Externa: Obligaciones financieras del Estado con acreedores del exterior. El Perú destina cada año miles de millones de dólares al pago de servicio de deuda —capital más intereses—, recursos que salen del erario público y dejan de invertirse en salud, educación, seguridad, infraestructura o producción nacional. Endeudar el país significa hipotecar los ingresos de las generaciones futuras.

Política de Estado vs. Acuerdo Internacional: Las políticas de Estado deben definirse desde el interés nacional, mediante debate público, consenso social y decisión soberana. Cuando una política se diseña o se condiciona en función de lo que exige un organismo internacional, deja de ser una decisión propia para convertirse en un requisito de cumplimiento obligatorio, desplazando la voluntad nacional por agendas externas.

Ciclo de Dependencia: Patrón que se ha repetido durante décadas: un gobierno diagnostica un problema, recurre al financiamiento externo, firma convenios, anuncia resultados, no resuelve el problema de fondo y transfiere la misma situación a la siguiente administración, que a su vez vuelve a firmar nuevos acuerdos para los mismos temas. La dependencia se profundiza, la capacidad propia se debilita y las soluciones nunca arraigan.

EL PANORAMA REAL: 25 AÑOS DE CONVENIOS Y PRÉSTAMOS

Desde principios de los años 2000, sucesivos gobiernos peruanos han recurrido sistemáticamente a organismos internacionales para financiar y diseñar políticas en seguridad ciudadana, lucha contra la delincuencia organizada, infraestructura penitenciaria y prevención del delito. En el ámbito específico de la seguridad, el Perú ha suscrito más de quince instrumentos internacionales entre préstamos reembolsables, convenios de cooperación técnica y tratados. El BID ha sido el principal acreedor: en 2015 aprobó un préstamo de 40 millones de dólares para el mejoramiento de servicios de prevención del delito; en 2017 destinó 237 millones a infraestructura y gestión penitenciaria; en 2025 comprometió hasta 200 millones para el Plan Nacional de Seguridad Pública; y en 2026 continúa con iniciativas de prevención en distritos vulnerables.

De otro lado, a esto se suma el préstamo del Banco Mundial de 150 millones de dólares anunciado en marzo de 2026 para seguridad urbana en Lima, los anuncios de cooperación con la CAF en materia de seguridad ciudadana, los programas continuos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, los acuerdos con INTERPOL, la cooperación bilateral con Estados Unidos, España y la Unión Europea, y los marcos de acción de la Comunidad Andina y la OEA. En total, solo en préstamos directos para seguridad, los montos superan los 450 millones de dólares, sin contar asistencia técnica, programas paralelos y el servicio de la deuda que el país paga cada año.

Lo que se anuncia públicamente es cooperación, modernización y apoyo internacional. Pero cada acuerdo también asume compromisos que rara vez se comunican con claridad. En primer lugar, las condicionalidades de política: los préstamos suelen exigir reformas legales, ajustes normativos o decisiones administrativas que el Perú debe adoptar para recibir o mantener el financiamiento, de modo que el país se compromete a legislar o actuar en una dirección determinada por el acreedor. Un caso emblemático que ilustra cómo operan estas condiciones es el proyecto Camisea.

Sobre este caso, los documentos del BID correspondientes a los préstamos aprobados entre 2002 y 2007 establecían que las evaluaciones de impacto ambiental debían ser “satisfactorias para el Banco”, es decir, que una entidad externa tenía la última palabra sobre el cumplimiento de estándares, por encima de las autoridades peruanas. Además, el Panel Independiente de Evaluación del BID documentó la existencia de acuerdos paralelos y anexos confidenciales entre el Banco y el consorcio privado, donde se detallaban condiciones sobre pueblos indígenas en aislamiento que no fueron de acceso público durante años. El BID también se reservó la contratación de sus propias consultoras para el monitoreo ambiental, desplazando la función de supervisión que corresponde al Estado peruano. Estos documentos pueden consultarse en el sitio oficial del BID en las fichas de los proyectos PE0222 y PE0233, aunque los anexos contractuales confidenciales permanecen restringidos, y en los archivos de endeudamiento del Ministerio de Economía y Finanzas, a los que se requiere solicitud formal de transparencia.

Más allá de casos específicos, el patrón se repite: muchos convenios incorporan estándares, metas y enfoques definidos fuera del Perú —modelos de gestión, criterios de seguridad, prioridades de reforma— que el país adopta sin necesariamente haberlos debatido internamente. La falta de evaluación independiente es otra constante: rara vez se audita si los convenios anteriores realmente resolvieron lo que prometían. Se firman nuevos acuerdos sobre los mismos temas sin que los anteriores hayan concluido con resultados demostrables. El cortoplacismo político explica parte de esto: los gobiernos necesitan mostrar resultados rápidos en su periodo de cinco años, y los organismos internacionales ofrecen diseños listos para aplicar, lo que permite anunciar grandes proyectos sin haber construido capacidad propia. Cuando cambia el gobierno, el diseño no arraiga, el problema persiste y todo vuelve a empezar.

CONCLUSIONES

1.- Nada es gratuito en las relaciones internacionales: Cada convenio, préstamo o acuerdo de cooperación tiene contrapartidas. Pueden no aparecer en el titular de la noticia, pero están escritas en el texto del acuerdo. El Perú paga con deuda en divisas, con reformas impuestas desde afuera o con una parte de su margen de decisión soberana. Que algo se llame “cooperación” no significa que no tenga condiciones, y que algo se anuncie como gratuito no significa que no tenga un costo para el país.

2.- La repetición del mismo patrón es la señal de alarma más fuerte: Durante 25 años, distintos gobiernos de todas las tendencias han firmado convenios internacionales para los mismos problemas —seguridad ciudadana, justicia, infraestructura, desarrollo— y los problemas siguen igual. Si el dinero, la asistencia técnica y los modelos importados hubieran resuelto la situación, el Perú habría cambiado hace mucho tiempo. Que se repitan las mismas soluciones sin resultados distintos indica que el modelo no funciona y que lo que falta no es más financiamiento, sino capacidad propia.

3.- Depender de afuera para definir políticas de Estado debilita la soberanía: Que el Perú no pueda diseñar sus propias estrategias de seguridad, justicia, energía o desarrollo sin asistencia técnica y financiera externa significa que no está decidiendo realmente su futuro. La cooperación debe ser un apoyo complementario, no la columna vertebral de las decisiones nacionales. Cuando las prioridades del país se alinean con lo que exigen los acreedores, el interés nacional pasa a segundo plano.

4.- El verdadero costo no es el dinero, sino la dependencia: Lo más caro no son las cuotas de amortización ni los intereses del préstamo. Lo más costoso es perder la costumbre y la capacidad de pensar, investigar y decidir como país. Mientras el Perú espere que organismos externos le digan qué hacer, cómo hacerlo y en qué plazos, las soluciones nunca serán propias ni duraderas, y cada nuevo gobierno tendrá que volver a pedir lo mismo.

5.- La transparencia total antes de firmar es la única protección real: Todo compromiso que el Estado asuma internacionalmente —condiciones, plazos, contrapartidas, consecuencias de incumplimiento— debe ser público, debatido en el Congreso y conocido por la ciudadanía antes de que se firme. La soberanía no se defiende después de haberla comprometido: se defiende antes de poner la firma. Lo que no se conoce no se puede controlar, y lo que no se controla se termina imponiendo.

Fuente: Agencia Peruana de Noticias PRENSAPERU.PE https://www.prensaperu.pe Twitter: @prensaperupe

Peruvian News Agency PRENSAPERU.PE https://www.prensaperu.pe Twitter: @prensaperupe This editorial does not claim that all international cooperation is unacceptable. It points out that it cannot replace the sovereign will of the country. A truly free Peru seeks external resources if needed, but defines its own priorities, designs its own solutions, evaluates its own results, and maintains full control over its decisions. As long as the country continues to wait for international bodies to tell it how to solve its problems, it will have made no progress. Signing is easy. What is difficult is deciding for ourselves.

On this very topic today, the President of the Republic, Keiko Fujimori Higuchi, met with the Executive President of CAF – Development Bank of Latin America and the Caribbean, Sergio Díaz-Granados. They discussed strengthening cooperation to address the Government’s priorities, primarily in citizen security and preparedness for the El Niño phenomenon. In turn, the President thanked CAF for its collaboration and willingness, stating that the multilateral institution is a strategic ally for the country’s development, noting specifically: “They have presented us with the projects currently underway. And, of course, we are already planning to expand the credit line and the support they will provide us in the coming years.” Finally, CAF Executive President Sergio Díaz-Granados reported that the institution’s teams are working in coordination with the Government to strengthen various processes across the country, especially in the area of security.

In this context, Peru, in its effort to resolve structural challenges ranging from citizen security to economic development, has turned consistently and for more than two decades to international cooperation and financing. Every new government announces with great fanfare the signing of agreements with bodies such as the Inter-American Development Bank (IDB), CAF – Development Bank of Latin America, the World Bank, the United Nations, and other bilateral and multilateral entities.

However, behind the official photographs and press releases lies a reality that is rarely clearly stated: these agreements are not merely contributions with no strings attached. They are instruments that carry conditions, obligations, and commitments that can limit the country’s ability to make its own decisions. Over 25 years, the pattern has repeated: agreements are signed, funds are received, problems are promised to be solved — yet difficulties persist, debt grows, and each new administration starts the same cycle all over again. This investigation analyzes what has been signed, under what terms, and what lies behind those commitments that citizens do not always get to see.

CONCEPTUAL FRAMEWORK

Conditional Loan: Financial resources granted by international organizations to the State, subject to the implementation of specific policies, legal reforms, or technical decisions that the country must adopt to receive and maintain funding. This is not free money: it comes with instructions on how it must be used and what changes the State must implement, meaning the lender partly defines the direction of national decision-making.

National Sovereignty: The exclusive authority of the State to enact its own laws, define its own policies, and manage its own resources without external imposition. Every international commitment that limits this capacity —whether by demanding reforms, aligning regulations, or placing oversight in the hands of foreign entities— represents a partial transfer of sovereignty, even if that is rarely stated explicitly.

External Debt: Financial obligations of the State to foreign creditors. Each year, Peru allocates billions of dollars to debt service —principal plus interest— funds that come from the public treasury and are therefore not invested in health, education, security, infrastructure, or national production. Indebting the country means mortgaging the income of future generations.

State Policy vs. International Agreement: State policies should be defined based on national interest, through public debate, social consensus, and sovereign decision. When a policy is designed or conditioned around what an international body requires, it ceases to be a domestic decision and becomes a mandatory requirement, displacing national will in favor of external agendas.

Cycle of Dependency: A pattern repeated for decades: a government identifies a problem, turns to external financing, signs agreements, announces results, fails to solve the root issue, and passes the same situation on to the next administration — which then signs new agreements addressing the exact same issues. Dependency deepens, domestic capacity weakens, and lasting solutions never take hold.

THE REAL LANDSCAPE: 25 YEARS OF AGREEMENTS AND LOANS

Since the early 2000s, successive Peruvian governments have systematically turned to international organizations to finance and design policies on citizen security, organized crime, prison infrastructure, and crime prevention. In the specific field of security alone, Peru has signed more than fifteen international instruments, including reimbursable loans, technical cooperation agreements, and treaties. The IDB has been the largest lender: in 2015, it approved a US$40 million loan to improve crime prevention services; in 2017, it allocated US$237 million for prison infrastructure and management; in 2025, it committed up to US$200 million for the National Public Security Plan; and in 2026, it continues initiatives focused on prevention in vulnerable districts.

Additionally, in March 2026, the World Bank announced a US$150 million loan for urban security in Lima; CAF cooperation agreements on citizen security have been announced; the United Nations Office on Drugs and Crime maintains ongoing programs; agreements are in place with INTERPOL; bilateral cooperation continues with the United States, Spain, and the European Union; and frameworks exist within the Andean Community and the OAS. In total, direct loans for security exceed US$450 million — not including technical assistance, parallel programs, or annual debt service payments.

Public announcements speak of cooperation, modernization, and international support. But every agreement also carries commitments that are rarely clearly communicated. First are policy conditionalities: loans typically require legal reforms, regulatory adjustments, or administrative decisions that Peru must adopt to receive or maintain financing, meaning the country commits to legislate or act in a direction determined by the lender. The Camisea project stands as a landmark example of how these conditions operate.

IDB documents related to loans approved between 2002 and 2007 established that environmental impact assessments must be “satisfactory to the Bank” — meaning an external entity had final authority over compliance with standards, above and beyond Peruvian authorities. Furthermore, the IDB Independent Evaluation Panel documented the existence of parallel agreements and confidential annexes between the Bank and the private consortium, detailing conditions regarding indigenous peoples in isolation that were not publicly disclosed for years. The IDB also reserved the right to hire its own consultants for environmental monitoring, displacing the oversight function that legally belongs to the Peruvian State. These documents can be consulted on the official IDB website under project files PE0222 and PE0233, though confidential contractual annexes remain restricted, and in the Public Credit and Debt Office archives of the Ministry of Economy and Finance, where formal transparency requests are required for access.

Beyond specific cases, the pattern holds: many agreements incorporate standards, targets, and approaches defined outside Peru —management models, security criteria, reform priorities— that the country adopts without necessarily having debated them internally. Lack of independent evaluation is another constant: agreements are almost never audited to verify whether previous ones actually delivered on their promises. New agreements are signed on the same topics before earlier ones have produced demonstrated results. Short-term political incentives explain much of this: governments need visible results within their five-year term, and international bodies offer ready-made designs that allow major announcements without building domestic capacity. When administrations change, those imported frameworks fail to take root, problems persist, and the cycle begins again.

CONCLUSIONS

1.- Nothing in international relations comes without a cost: Every agreement, loan, or cooperation arrangement carries reciprocal obligations. They may not appear in the headline, but they are written into the text. Peru pays through foreign-currency debt, externally imposed reforms, or a reduction in its sovereign decision-making space. Labeling something “cooperation” does not mean it has no conditions, and announcing something as “free” does not mean it carries no cost for the country.

2.- Repeating the same pattern is the clearest warning sign: For 25 years, governments across the political spectrum have signed international agreements addressing the same problems —citizen security, justice, infrastructure, development— and those problems remain unchanged. If funding, technical assistance, and imported models were the solution, Peru would have transformed long ago. Repeating the same approaches without different outcomes indicates the model itself is flawed, and what is missing is not more financing, but domestic capacity.

3.- Defining State policy from abroad erodes sovereignty: If Peru cannot design its own strategies for security, justice, energy, or development without external technical and financial support, it is not truly determining its own future. Cooperation should complement national effort, not serve as the foundation of national decision-making. When national priorities are aligned with what creditors demand, the national interest becomes secondary.

4.- The true cost is not financial — it is dependency: The most expensive burden is not debt payments or interest rates. The highest cost is losing the habit and the ability to think, research, and decide as a nation. As long as Peru waits for external bodies to tell it what to do, how to do it, and on what timeline, solutions will never be truly its own or lasting — and every new administration will be back asking for the same support.

5.- Full transparency before signing is the only real safeguard: Every commitment the State assumes internationally —conditions, timelines, obligations, consequences of non-compliance— must be public, debated in Congress, and known to citizens before it is signed. Sovereignty cannot be defended after it has already been compromised: it must be defended before the signature is placed. What remains unknown cannot be controlled — and what is not controlled will eventually be imposed.

Source: Peruvian News Agency PRENSAPERU.PE https://www.prensaperu.pe Twitter: @prensaperupe