Agencia Peruana de Noticias PRENSAPERU.PE https://www.prensaperu.pe Twitter: @prensaperupe La participación de la presidenta Keiko Fujimori en la reunión de alto nivel del Escudo de las Américas, celebrada en Nueva York en el marco del 81.º Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, no constituye solamente un acto de adhesión diplomática: representa la inserción del Perú en un tablero geopolítico donde convergen intereses de potencias, estrategias de seguridad continental y oportunidades decisivas para el futuro económico y tecnológico de la nación.
El encuentro, inaugurado por el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, y con la presencia del presidente Donald Trump, reunió a jefes de Estado y de gobierno de todo el continente para abordar la delincuencia organizada transnacional, el narcotráfico y las economías ilícitas —fenómenos que no conocen fronteras y que erosionan instituciones, destruyen tejido social y debilitan la soberanía de los Estados. En este contexto, se anunció formalmente el ingreso del Perú y Colombia a esta coalición multinacional. Al tomar la palabra, la mandataria peruana recordó la experiencia histórica del país en la derrota de dos movimientos terroristas —Sendero Luminoso y el MRTA— y señaló que los desafíos actuales son de naturaleza distinta: amenazas que operan en redes, que cruzan territorios y que se sustentan en flujos financieros ilícitos, tráfico de personas, armas y drogas. Su intervención combinó reconocimiento a la iniciativa estadounidense, disposición para cooperar y una petición recíproca: que el apoyo sea mutuo, con intercambio de información y fortalecimiento real de las capacidades nacionales.
El presidente Trump, por su parte, enfatizó que “la única forma de combatir el crimen es con firmeza”, estableciendo un tono de acción decidida que marca la orientación de la coalición. La presidenta Fujimori, sin renunciar a esa determinación, amplió el enfoque: sostuvo que la seguridad sostenible no se logra solo con medidas coercitivas, sino que requiere generación de empleo formal, atracción de inversiones y oportunidades de desarrollo para la población. Esta distinción es fundamental: el Perú plantea que la seguridad y la economía son dos caras de una misma realidad, y que ninguna puede sostenerse sin la otra.
En el plano bilateral y regional, la mandataria saludó a los presidentes Javier Milei (Argentina), José Antonio Kast (Chile), Daniel Noboa (Ecuador), Santiago Peña (Paraguay) y Nasry Asfura (Honduras), entre otros. Estos saludos no son protocolares: configuran un mapa de afinidades políticas y de posibilidades de alianzas comerciales y de inversión en un continente donde las orientaciones políticas condicionan los flujos de capital, tecnología y cooperación.
I.- UNA ALIANZA, PERO REALIDADES DISTINTAS: EL CONTEXTO QUE NO SE PUEDE IGNORAR
El continente americano no es un bloque uniforme. A pesar de compartir historia, idioma y ubicación geográfica, cada nación posee una geografía, una cultura, una estructura social y una dinámica delictiva propia que no se puede reducir a una fórmula única. Aplicar la misma receta en el Perú que en Bolivia, Argentina o Ecuador es tan imprudente como recetar el mismo medicamento a pacientes con enfermedades distintas. La experiencia demuestra que las iniciativas de seguridad regional que desconocen estas diferencias suelen estancarse, fracasar o producir resultados parciales.
I.1.- Experiencias previas: lecciones del pasado
En las últimas décadas, el continente ha visto surgir propósitos semejantes al Escudo de las Américas:
La Iniciativa de Seguridad Regional de América del Sur (ISRAM): Promovida hace más de una década, buscaba coordinar fuerzas y compartir inteligencia frente al narcotráfico y la delincuencia organizada. Los resultados fueron desiguales: en algunos países mejoró el intercambio de información, pero en otros la colaboración se diluyó por diferencias políticas, desconfianzas entre gobiernos y la falta de adaptación a las realidades locales. No hubo fracaso total, pero tampoco el éxito esperado.
Operaciones conjuntas en el ámbito andino: Entre Perú, Colombia y Ecuador se han llevado a cabo acciones coordinadas contra bandas criminales y rutas de tráfico. Allí donde se respetaron las capacidades y la idiosincrasia de cada país, los resultados fueron positivos. En cambio, cuando se intentó imponer modelos diseñados desde fuera o desde una sola capital, la cooperación se debilitó.
Alianzas en Centroamérica: Países como Honduras, Guatemala y El Salvador han ensayado estrategias de seguridad con respaldo externo. En algunos casos, las medidas represivas lograron reducir la violencia en las calles, pero no atacaron las causas profundas —pobreza, exclusión, falta de oportunidades—, por lo que el fenómeno reapareció con fuerza apenas se relajaron las acciones. Esto confirma que la seguridad sostenible requiere también desarrollo, tal como ha señalado la presidenta Fujimori.
I.2.- Delincuencia: similar en nombre, distinta en cada nación
Aunque la delincuencia organizada transnacional tiene rasgos comunes en todo el continente, su estructura, sus métodos y su impacto cambian radicalmente de un país a otro:
Perú: La amenaza combina el tráfico de drogas con remanentes de grupos armados en zonas alejadas, sumado al tráfico ilegal de minerales, maderas y personas. La geografía —Andes, Amazonía, costa— crea espacios de difícil control donde las leyes llegan con dificultad. La pobreza no es uniforme: hay zonas de gran riqueza junto a comunidades aisladas donde el Estado apenas tiene presencia.
Bolivia: El contexto difiere notablemente. La producción de coca tiene raíces culturales y ancestrales que no pueden equipararse simplemente a un delito. La relación entre comunidades y la actividad económica ligada a los cultivos es distinta, por lo que las medidas de seguridad deben considerar también estos vínculos históricos para no generar rechazo social.
Argentina: El problema se manifiesta con mayor fuerza en el tráfico de drogas que transita hacia el cono sur, el lavado de activos y la delincuencia urbana organizada. La estructura económica y social es diferente, con mayor urbanización y dinámicas de violencia distintas a las de los países andinos.
Ecuador: Ha enfrentado el ascenso violento de bandas con vínculos internacionales, con fuerte impacto en las ciudades y en el sistema penitenciario. La naturaleza del reto exige respuestas que no son idénticas a las que funcionarían en el Perú.
La pobreza, el desempleo y la exclusión —factores que la presidenta Fujimori ha señalado como fundamentales— tampoco se manifiestan igual: en el Perú la pobreza tiene rostro rural y amazónico; en Bolivia se entrelaza con identidades originarias y formas de vida comunitaria; en Argentina se concentra en cinturones urbanos densamente poblados. Cada escenario requiere su diagnóstico, su tiempo y su camino.
I.3.- La idiosincrasia, factor decisivo que suele olvidarse
La cultura de cada pueblo influye en cómo se reciben, se aceptan o se resisten las políticas públicas. En algunas sociedades la confianza en las instituciones es mayor; en otras, la desconfianza hacia lo que viene de fuera o de arriba es profunda. En el Perú, por ejemplo, la experiencia de lucha contra el terrorismo creó una cultura de defensa de la democracia y de valoración de la presencia del Estado, que no se da de la misma manera en otras naciones. Ignorar estos matices es como intentar sembrar la misma semilla en tierras distintas sin preparar la tierra: no brotará.
II.- DESDE UNA PERSPECTIVA GEOPOLÍTICA Y ESTRATÉGICA
El Perú ocupa una posición excepcional: en la costa occidental de Sudamérica, con acceso a la cuenca del Pacífico, poseedor de inmensos recursos minerales, energéticos, hídricos y agrícolas, y con una biodiversidad que lo convierte en uno de los territorios más valiosos del planeta. Esta condición hace que el país sea observado con interés —a veces con deseo— por múltiples potencias. El reto histórico ha consistido en transformar ese interés externo en beneficio propio, evitando quedar reducido a la condición de proveedor de materias primas, y convirtiéndose en un socio que negocia con autoridad.
El ingreso al Escudo de las Américas no debe significar para el Perú la renuncia a definir su propio ritmo y sus propias prioridades. La coalición puede ser un valioso instrumento si respeta la diversidad del continente; si no lo hace, corre el riesgo de repetir el destino de tantas iniciativas que brillaron al inicio y se apagaron con el tiempo.
III.- DATOS CONCEPTUALES
Geopolítica: Estudio de cómo la posición, los recursos y la historia de un país determinan su poder y sus relaciones con el mundo.
Delincuencia organizada transnacional: Estructuras criminales que operan cruzando fronteras, con recursos millonarios y capacidad de influir en instituciones; no se vencen desde un solo país.
Valor agregado: Transformar recursos en productos elaborados para obtener mayores beneficios económicos y no depender solo de la exportación de materias primas.
Soberanía tecnológica: Capacidad de crear y controlar conocimientos propios, negociando con el mundo desde una posición de fortaleza.
Idiosincrasia nacional: Conjunto de rasgos culturales, históricos y sociales que dan a cada pueblo su manera de pensar, actuar y reaccionar; ningún plan externo prospera si la ignora.
Coalición multinacional: Acuerdo voluntario entre naciones que debe beneficiar a todos por igual, respetando la identidad y las necesidades de cada miembro.
IV.- CONCLUSIONES
1.- El ingreso del Perú al Escudo de las Américas es una decisión valiosa y oportuna, pero su éxito dependerá de que se adapte a la realidad peruana y no se copien modelos ajenos diseñados para otros contextos.
2.- La experiencia continental enseña que las alianzas de seguridad funcionan mejor cuando respetan las diferencias entre países; donde se ha impuesto un enfoque único, los resultados han sido efímeros o incompletos.
3.- La delincuencia organizada tiene rasgos comunes en todo el hemisferio, pero sus causas, sus formas y sus espacios de acción son distintos en el Perú, Bolivia, Argentina o Ecuador; cada nación requiere su estrategia específica.
4.- La pobreza y la exclusión no se manifiestan igual en todo el continente; atenderlas exige comprender la cultura, la geografía y la historia de cada pueblo. La seguridad sin desarrollo es, a largo plazo, imposible.
5.- El Escudo de las Américas será verdaderamente útil si se convierte en un espacio de intercambio mutuo: donde el Perú reciba apoyo y también lo aporte, compartiendo su experiencia en la defensa de la democracia y la derrota del terrorismo.
6.- La mayor fortaleza del Perú no viene de afuera: reside en su gente, en su territorio y en su capacidad de elegir su propio camino. Toda alianza debe servir para potenciar esa fuerza, no para sustituirla.
Fuente: Agencia Peruana de Noticias PRENSAPERU.PE https://www.prensaperu.pe Twitter: @prensaperupe

Translate
The Shield of the Americas! A necessary alliance that must respect the diversity of each country. “Security with Development” is Peru’s voice in a continent of diverse realities; where the identity of peoples is ignored, solutions do not last.
Peruvian News Agency PRENSAPERU.PE https://www.prensaperu.pe Twitter: @prensaperupe President Keiko Fujimori’s participation in the high-level meeting of the Shield of the Americas, held in New York within the framework of the 81st Session of the United Nations General Assembly, is not merely an act of diplomatic adherence: it represents Peru’s entry into a geopolitical arena where the interests of major powers, continental security strategies, and decisive opportunities for the nation’s economic and technological future converge.
The gathering, opened by United States Secretary of State Marco Rubio and attended by President Donald Trump, brought together Heads of State and Government from across the hemisphere to address transnational organized crime, drug trafficking, and illicit economies — phenomena that respect no borders, erode institutions, dismantle social fabric, and weaken the sovereignty of States. In this context, the admission of Peru and Colombia to this multinational coalition was formally announced. Taking the floor, the Peruvian President recalled the country’s historical experience in defeating two terrorist organizations — Shining Path and the MRTA — and noted that today’s challenges are of a different nature: threats that operate through networks, cross borders, and are sustained by illicit financial flows, human trafficking, arms trafficking, and drug trafficking. Her statement combined recognition of the United States-led initiative, willingness to cooperate, and a call for reciprocity: that support be mutual, through information sharing and genuine strengthening of national capabilities.
President Trump, for his part, emphasized that “the only way to fight crime is with firmness,” establishing a tone of decisive action that defines the coalition’s orientation. Without abandoning that resolve, President Fujimori broadened the approach: she maintained that sustainable security cannot be achieved through coercive measures alone, but requires the creation of formal employment, the attraction of investment, and development opportunities for the population. This distinction is fundamental: Peru posits that security and the economy are two sides of the same reality, and neither can be sustained without the other.
On the bilateral and regional front, the President greeted Presidents Javier Milei (Argentina), José Antonio Kast (Chile), Daniel Noboa (Ecuador), Santiago Peña (Paraguay), and Nasry Asfura (Honduras), among others. These greetings are not merely ceremonial: they form a map of political affinities and potential trade and investment partnerships across a continent where political orientations shape the flows of capital, technology, and cooperation.
I.- AN ALLIANCE, YET DIVERSE REALITIES: THE CONTEXT THAT CANNOT BE OVERLOOKED
The American continent is not a uniform bloc. Despite shared history, language, and geography, each nation possesses its own geography, culture, social structure, and criminal dynamics that cannot be reduced to a single formula. Applying the same approach in Peru as in Bolivia, Argentina, or Ecuador is as imprudent as prescribing the same medicine to patients with different illnesses. Experience shows that regional security initiatives that ignore these differences tend to stall, fail, or yield only partial results.
I.1.- Past Experiences: Lessons from History
Over recent decades, the continent has seen proposals similar to the Shield of the Americas emerge:
South American Regional Security Initiative (ISRAM): Launched over a decade ago, it sought to coordinate forces and share intelligence on drug trafficking and organized crime. Results were uneven: information sharing improved in some countries, but collaboration dissolved in others due to political differences, mistrust between governments, and failure to adapt to local realities. It was not an outright failure, yet neither did it achieve the success envisioned.
Joint Operations in the Andean Region: Peru, Colombia, and Ecuador have carried out coordinated actions against criminal gangs and trafficking routes. Where each country’s capabilities and identity were respected, outcomes were positive. Conversely, when externally or centrally designed models were imposed, cooperation weakened.
Alliances in Central America: Countries such as Honduras, Guatemala, and El Salvador have tested security strategies with external backing. In some cases, repressive measures reduced public violence but failed to address root causes — poverty, exclusion, lack of opportunity — allowing the problem to resurge strongly once enforcement eased. This confirms, as President Fujimori has stated, that sustainable security requires development as well.
I.2.- Crime: Similar in Name, Different in Each Nation
While transnational organized crime shares common features across the hemisphere, its structure, methods, and impacts differ radically from country to country:
Peru: The threat combines drug trafficking with residual armed groups in remote areas, alongside illegal trafficking in minerals, timber, and people. Geography — the Andes, the Amazon, the coast — creates hard-to-reach spaces where laws are difficult to enforce. Poverty is not uniform: areas of great wealth exist alongside isolated communities where State presence is barely felt.
Bolivia: The context differs significantly. Coca production carries cultural and ancestral roots that cannot be equated simply with criminal activity. The relationship between communities and crop-linked economic activity is distinct, meaning security measures must also acknowledge these historical ties to avoid social alienation.
Argentina: The problem manifests most strongly in drug trafficking toward the Southern Cone, money laundering, and urban organized crime. Its economic and social structure is different, with greater urbanization and violence dynamics unlike those in Andean nations.
Ecuador: Has faced the violent rise of gangs with international ties, profoundly affecting cities and the prison system. The nature of the challenge demands responses that are not identical to those that would apply in Peru.
Poverty, unemployment, and exclusion — factors President Fujimori has identified as foundational — also differ: in Peru, poverty has rural and Amazonian dimensions; in Bolivia it intertwines with indigenous identities and communal livelihoods; in Argentina it concentrates in densely populated urban peripheries. Each scenario requires its own diagnosis, its own timeline, and its own path.
I.3.- National Identity: A Decisive Factor Often Overlooked
A people’s culture shapes how public policies are received, accepted, or resisted. In some societies trust in institutions is greater; in others, mistrust toward outside or top-down initiatives runs deep. In Peru, for example, the experience of combating terrorism fostered a culture of democratic defense and appreciation of State presence that does not exist identically elsewhere. To ignore these nuances is like planting the same seed in different soils without preparing the ground: it will not take root.
II.- FROM A GEOPOLITICAL AND STRATEGIC PERSPECTIVE
Peru occupies an exceptional position: on the western coast of South America, with access to the Pacific basin, endowed with vast mineral, energy, water, and agricultural resources, and a biodiversity that makes it one of the planet’s most valuable territories. This status draws interest — at times covetous — from multiple powers. The historic challenge has been to turn that external interest into national benefit, avoiding reduction to the role of raw material supplier and becoming instead a partner who negotiates with authority.
Peru’s entry into the Shield of the Americas must not mean surrendering the right to set its own pace and priorities. The coalition can be a valuable instrument if it respects the continent’s diversity; otherwise, it risks repeating the fate of so many initiatives that shone brightly at the start and faded over time.
III.- CONCEPTUAL DEFINITIONS
Geopolitics: The study of how a nation’s location, resources, and history shape its power and its relationships with the world.
Transnational Organized Crime: Criminal structures operating across borders, with vast financial resources and influence over institutions; they cannot be defeated by any single country alone.
Value Added: Transforming raw materials into finished goods to secure greater economic benefit and move beyond dependence on commodity exports.
Technological Sovereignty: The capacity to create and control knowledge locally, engaging with the world from a position of strength rather than reliance on others’ transfers.
National Identity: The ensemble of cultural, historical, and social traits that define how a people think, act, and respond; no external plan succeeds if it disregards this.
Multinational Coalition: A voluntary agreement among nations that must benefit all equally while respecting each member’s identity and needs.
IV.- CONCLUSIONS
1.- Peru’s membership in the Shield of the Americas is a valuable and timely decision, but its success will depend on adaptation to Peruvian realities rather than the copying of foreign models designed for other contexts.
2.- Continental experience shows security alliances work best when they respect differences between nations; where a one-size-fits-all approach has been imposed, results have proven short-lived or incomplete.
3.- Organized crime shares common traits across the hemisphere, yet its causes, forms, and areas of operation differ in Peru, Bolivia, Argentina, and Ecuador; each nation requires its own specific strategy.
4.- Poverty and exclusion do not manifest uniformly across the continent; addressing them demands understanding each people’s culture, geography, and history. Long-term security is impossible without development.
5.- The Shield of the Americas will prove truly useful if it becomes a space for mutual exchange: where Peru receives support and also contributes, sharing its experience in defending democracy and defeating terrorism.
6.- Peru’s greatest strength comes not from abroad, but from within: from its people, its land, and its ability to choose its own path. Any alliance must serve to strengthen that strength, not replace it.
Source: Peruvian News Agency PRENSAPERU.PE https://www.prensaperu.pe Twitter: @prensaperupe